Existen numerosos monumentos Templarios a lo largo del Camino:
Ermita Templaría de Eunate
En Torres del Río, lLa Iglesia del Santo Sepulcro, es la culminación del octógono perfecto
En Villalcazar de Sirga, la iglesia de Santa María la Blanca, románica de transición al gótico fue casa-fortaleza de los Templarios,y estaba encargada de la protección de los peregrinos.
Puente la Reina: iglesia del Crucifijo, de estilo tardo románica, fue construida por los Templarios a mitad del siglo XII, que acoge la Virgen con Niño del siglo XII y un Cristo Crucificado, en forma de Y.
Castrojeriz: Iglesia de San Juan. En pleno Camino de Santiago, reconstruida sobre una base románica, perteneció a los Templarios, que más tarde cedieron a los Hospitalarios para que desempeñaran su labor de auxilio a los Peregrinos.
Rabanal del Camino: Iglesia Parroquial. Pequeña Iglesia, con restos románicas que perteneció a la Encomienda Templaría de Ponferrada.
En Ponferrada: Castillo Templario
Priaranza del Bierzo. Castillo de Cornatel.
En Vega de Valcarce: Castillo de Sarracin
San Esteban de Barbadelo: Asentamiento templario.
En el Bierzo se les atribuye una gran importancia al desarrollo y expansión de esa maravilla gastronómica denominada: Botillo.
Los Templarios: guardianes del Camino de Santiago
No solo lucharon contra los infieles, también fueron los guardianes del Camino, protegiendo a los Peregrinos de asaltantes, portazgueros y hospederos. A lo largo de las etapas de elcaminoasantiago.com, iremos desvelando alguno de estos hechos:
Ladrones. Bandas organizadas en los Montes de Oca.
Portazgo. Vascos y Navarros exigían el Pago del Portazgo y en muchas ocasiones secuestraban a los peregrinos usándolos como bestias de carga.
Portazgo. Vega de Valcarce. Desde el Castillo de Autares, se exigía el Portazgo, los Templarios se instalaron en el Castillo de Sarracin, para defender a los Peregrinos del pago del Portazgo.
Hospederos. Ver la historia de la Picara Justina en Mansilla de las Mulas.
A continuación, mostramos diferentes zonas, protegidas por las distintas Ordenes que actuaban en el Camino:
Orden del Temple. Cuidaban la zona de Santa Mariña de Augasantas.
Orden de San Juan de Jerusalén (Malta).Cuidaban el paso por puente medieval de Vilanova. Al lado del puente, existe una iglesia románica del siglo XII. Desde 1170, tuvo un priorato en Allariz.
Orden de Santiago. Protegía el itinerario Laza-Xunqueira-Ourense
Orden de Barra (Santiago). Protegía el tramo de Codesedo, al pie del Monte Talariño, hasta Vilar de Gumareites, municipios de Sarreaus y Vilar de Barrio.
Orden Cisterciense. En el Siglo XII, se establecieron en la Abadía de Santa.
María de Oseira, que disponía de u Hospital donde atendían a numerosos Peregrinos.
Orden Hospitalaria del Sancti Spiritus (Espiritu Santo). Protegían el Camino Inglés, durante el Siglo XIV.
En El Bierzo. Inmensa fortaleza (más de 10.000 m2), resulta desproporcionada para la misión que desempeñaban los templarios en esta región. Porta los signos de reconocimiento con que los templarios señalaban sus “grandes tesoros”. Triple muralla (símbolo de los votos de pobreza, castidad y obediencia que hacían los templarios, de las tres etapas de la alquimia, de los tres colores simbólicos, blanco de sus túnicas, rojo de sus cruces, negro del hábito de sus sargentos y de la cruz del estandarte de guerra). La cruz tau en la puerta y en sus habitaciones principales, en las torres y en la muralla.
El trazado de acuerdo a planos astronómicos. Con doce torres, todas diferentes, que tienen la forma de las constelaciones del Zodíaco, pero no en el orden natural, sino alterado, seguro para señalar un momento especial, o una canalización especial de energías, o la expresión de una Idea Celeste.
En la portada principal existió una piedra, clave de arco, donde la tau está inscrita en una gran estrella geométrica de ocho puntas y flanqueada por un sol helicoidal y por una estrella. Es la Rosa de la Regeneración Espiritual, formada por dos cuadrados entrelazados. También nos encontramos con el Bafomet, figura en forma de cabeza que era obligatorio poner en la entrada de las casas mandadas por comendadores.
¿Qué protegía esta gigantesca construcción? ¿Acaso la riqueza de yacimientos de hierro y oro? ¿O, además de estas, otras posesiones que serían confiadas a este castillo? Recordemos a Fulcanelli en sus Moradas filosofales: “El Santo Grial estaba custodiado por doce templarios (como las torres del castillo); estos doce custodios recuerdan los signos del Zodiaco”.
A pocos kilómetros, siguiendo el Camino de Santiago y ya pasada Villafranca del Bierzo, nos encontramos vigilante en imponente actitud de desafío el castillo de Sarracín. Probablemente se trata del nunca encontrado Castillo de Antares. Si es así, recibe el nombre de la estrella de primera magnitud en la constelación de Escorpio, y la planta poligonal de este castillo la reproduce en su forma.
Iglesia de Santa María del Templo, Mellid. Ya en las amables tierras de Galicia nos encontramos con esta iglesia del siglo XII, en Mellid, La Coruña. De nuevo, el lenguaje indescifrado de los templarios se manifiesta en las misteriosas inscripciones en las caras interior y exterior de la arquivolta más exterior de la portada oeste. Son 48 signos repartidos en dos grupos de 24 equis, cruces invertidas, círculos, líneas curvas, rombos, enrejados, un misterioso lenguaje de figuras geométricas. Puede tratarse de símbolos, de muy profundos significados en su clave numérica. O quizá también de figuras, cristalizaciones gráficas de hondas meditaciones, y llaves a su vez de otros estados de conciencia (como lo fuera el lenguaje jeroglífico egipcio, o el “lenguaje enochiano”, o los símbolos de los tatvas).
También en Mellid, en la iglesia de San Julián, templaria, el misterio nos alerta en once piedras rectangulares, a modo de friso, sobre la portada románica, con signos geométricos sin descifrar.
Iria Flavia
Hemos atravesado Santiago de Compostela y, rumbo siempre hacia el poniente, encontramos el enclave mágico de Iria Flavia, hoy apenas un barrio de la ciudad de Padrón. Importante esta en la tradición del Camino, porque en ella se halla, en la Iglesia de Santiago, el “pedrón”, de ahí el nombre del pueblo donde los discípulos de Santiago habrían amarrado la barca que contenía su cuerpo santo. Esta piedra es, en realidad, una de aquellas arae solis con que los romanos sembraron las costas del Mar Tenebroso.
En la iglesia de Santa María, reedificada y actualmente con rango de colegiata y “segunda silla compostelana”, encontramos una serie de cruces, repartidas rítmicamente en las paredes exterior e interior. Se trata de una serie de cruces céltico-templarias de cuatro modelos distintos. Ahora solo hay 13, pero el número original era de 27, y el que sean de distinta configuración determina quizás un recorrido de alto contenido mágico y simbólico, por el exterior e interior del templo. Paseo o danza ceremonial que reproduciría un recorrido solar, una especie de inmersión en el corazón del laberinto y resurrección radiante.
Frente a esta iglesia y junto al actual cementerio, otro mucho más antiguo con lápidas de época medieval y aun anteriores, suévicos, paleocristianos y compañeriles. Y en la piedra las perennes inscripciones de cruces paté en círculos, cruces visigodas, patas de oca dobles o sencillas, escuadras con el compás y el péndulo, etc. Imágenes que el tiempo quiere desdibujar, imágenes que susurran el misterio, que nos refieren otros tiempos, otros hombres, otros anhelos… Y en medio de ellas nos preguntamos con lacerante inquietud, otra vez más, la eterna pregunta: ¿qué es el hombre?
Noya
Pueblo rodeado de frondosas colinas, importante ya en tiempo romano, mira a la ría gallega que lleva su nombre. En él habría desembarcado Noé, cuya nieta Noela fundó la primitiva villa y a la que puso su nombre. Ciudad-término occidental del recorrido de Santiago, acuden a ella peregrinos desde tiempos inmemoriales. En el escudo de la ciudad, un arca de Noé flotando sobre las aguas y una paloma que la sobrevuela con una rama en el pico.
Lo más importante aquí es el cementerio medieval de Santa María, con las famosas y enigmáticas lápidas donde se agolpan extraños símbolos, tantos que saturan la imaginación. Y, en este cementerio, un pequeño templete cuadrangular, a cielo abierto, rodeado de tumbas y con un cruceiro en su interior, rematado en su parte superior por una bóveda piramidal, que se apoya en cuatro pilares.
Se cuenta que el templete fue donación de un soldado del Temple de regreso de las Cruzadas trayendo consigo tierra de los Santos Lugares con la que se dice que está relleno el cementerio.
Otra leyenda cuenta que el monumento fue donación de dos hermanos inseparables, “monjes del Templo del Señor de Jerusalén”, que estaban combatiendo contra el infiel y quedaron separados en medio de una batalla. No volvieron a encontrarse más, a pesar de que el mayor estuvo buscando a su hermano durante siete años por tierras de moros. Al fin regresó a su tierra natal de Noya y mandó levantar el cruceiro en memoria del joven desaparecido, al que creía muerto. Pero este, al cabo de siete años, tras muchas peripecias, consiguió escapar y llegó al mismo sitio. Y mandó levantar el templete sobre el cruceiro como acción de gracias y en perpetua memoria del cariño manifestado por su hermano.
Nos sobrecoge el símbolo de la pirámide sostenida sobre cuatro pilares, y en su interior el símbolo del Hombre, el Cristo Crucificado. Las antiguas enseñanzas nos dicen que la pirámide es el símbolo perfecto del Fuego Espiritual sobre la Tierra y que representa a la Humanidad en su ascenso hacia las Ideas Celestes, a través de sus expresiones artísticas, filosóficas, científicas y místicas. Todo ello para devolver al Cristos Interior, la Luz de Dios en el corazón, que es el verdadero morador de la pirámide, representado por el Fuego. La enseñanza cabalística nos enseña que la típica inscripción INRI, que figura en la cara anterior de la cruz orientada a poniente, significa esotéricamente: Ignea Natura Renovatur Integra (toda la Naturaleza será renovada por el Fuego). En otra clave, la pirámide es un altar a la estructura y funcionalidad del sistema solar y del Logos, su última esencia. Esto queda confirmado por los dos símbolos astronómicos que aparecen en el foso de este templete, estructura que se apoya sobre los cuatro pilares y sobre los que descansa la pirámide de piedra. En el friso oeste aparecen representados cinco círculos unidos por unas bandas serpenteantes, entrelazadas geométricamente (símbolo del tiempo). Las figuras inscritas en los círculos son, sucesivamente, un trébol (esquema del ciclo solar), un libro abierto señalado por un “lapiz” (símbolo del gran libro de la Naturaleza) en el segundo; en el tercero, la imagen de un rostro con forma de luna; en el cuarto, otro libro abierto pero todo el círculo quebrado por una línea que le corta un tercio de la superficie; y en el quinto, una cara representando al Sol en tensa actitud. Quizás esté también queriendo significar el devenir cíclico de la Humanidad: las cinco humanidades de Tierra, Agua, Aire, Fuego y Éter, representando al cuerpo, la vitalidad, la psique, la mente egoísta y la inteligencia.
En el friso del lado este, mirando, pues, al poniente, la Montaña Occidental de sombras, unos grabados que representan de izquierda a derecha la figura de un hombre de rodillas y que se apoya en un gran perro, pero sujetando con la mano izquierda una correa, es decir, no lleva, sino que es llevado, mientras su rostro cadavérico se alza dolorido al cielo: el gran perro sujeto por el hombre parece morder el lomo a otro de menor tamaño (o es, quizás, un cervatillo) que le precede, quien a su vez hace lo propio con un tercero situado ante su hocico y más pequeño que él (¿un perro o qué otro cuadrúpedo?). La mirada hacia occidente, el perro que conduce, lo demacrado del hombre, nos recuerdan la vinculación de estos mismos elementos en Egipto con Anubis, el chacal, y su estrella regente Sirio, estrella que deseca las aguas de la personalidad, símbolo de la liberación del alma mediante la destrucción de los cuerpos materiales.
Quizás representen ambos frisos las dos formas de ascenso del hombre en la pirámide de la evolución: la evolución de las formas, en las sucesivas humanidades, mirando al Sol que nace, es decir, a la luz de la vida, y la evolución de la conciencia en un camino arriesgado, vertical, consumidor, mirando a la luz de occidente, a la luz del Sol que se sumerge en el Abismo, o sea, la luz de la conciencia que busca en lo más profundo de sí. El hombre de rodillas, consumido y en éxtasis de adoración es la personalidad dominada, el perro es la Mente Superior, y el ciervo, la fría llama de la intuición.
Este ha sido un breve recorrido por las construcciones y símbolos templarios en el Camino de Santiago. Puede que hayamos encontrado interpretaciones excediéndonos en el uso de imaginación, pero ¿qué es el hombre sino aquello que antes imagina? ¿No es la imaginación la facultad de tender puentes a lo desconocido, la primera puerta hacia el misterio que nos envuelve, la facultad de conocer intuitivamente aquello que la razón o la escasez de datos nos niegan? En palabras de uno de los más grandes filósofos del siglo XX, el profesor Livraga: “El hombre tiene la medida de aquello que se atreve a soñar”. Que sea este imaginario camino de símbolos templarios una ruta de ensueño que nos aproxime más hacia nosotros mismos.
El camino, no solo es un recorrido geográfico, sino que es un recorrido espiritual, místico, iniciativo, cultural, es más que un camino para transitar, es de transformación, y desde este punto de vista se convierte en fascinante, porque no hay dos personas que hayan recorrido el camino, sea parcial o total, que hayan tenido las mismas sensaciones, todos ellos coinciden en afirmar que les ha cambiado, les ha transformado, el paisaje y el paisanaje que se encuentra se funden en una obra alquímica, para que el verdadero peregrino llegue a la meta final, que no es la Catedral de Santiago. La meta final es Finisterre, donde termina el mundo, donde se muere para renacer.
El momento histórico en que se comienza con el mito del camino, con la tumba de Santiago, al que al día de hoy todavía se sigue debatiendo si es la de Pristiliano, o de algún hombre importante de la Edad Media, pero el personaje en sí no tiene tanta importancia como el enclave, porque si vamos a probabilidades históricas allí no puede estar enterrado el Apóstol Santiago, pero da igual, pues la clave está en el lugar, es el mismo poder que hay en Montserrat, Lourdes, o miles de lugares en el mundo, eso es lo que condiciona el itinerario, esa gran vía espiritual que dio como consecuencia, la fundación de ciudades, de templos, de hostales o de monasterios, lo esencial es; cómo un camino puede generar tanta leyenda, tanta pasión, convirtiéndose en el epicentro, en una vía láctea de espiritualidad.
Las personas ya lo recorría antes de que presuntamente estuviera la tumba del Apóstol Santiago, por el año 814, ya era un camino pagano, pero un camino religioso, luego se cristianiza, se convierte y por circunstancias muy claras; en plena reconquista fue como un aliciente, un apoyo para animar a las tropas cristianas, diciéndole que aquella tumba era la del Apóstol Santiago, como un auto de fe, ya que no había pruebas, pero aquello generó una expectación que motivó a las tropas cristianas para decirles que Santiago estaba con ellos. Unos años después en una batalla, dicen ver a Santiago Apóstol, montado en un corcel blanco defendiendo los intereses cristianos en contra de los sarracenos. Toda estas leyendas que se generan en el siglo IX y siglo X en adelante, viene motivada por unas ansias espirituales de encontrar un lugar o un personaje o un mito que lo personificó perfectamente: Santiago, para comenzar con un recorrido que ni ellos mismos imaginaron, que hasta hoy en día tiene tanta trascendencia. Uno de los Códices Calistinos sirvió para explicar que ése camino era transitable, que no se corría peligro, ahí aparecen los Caballeros Templarios, hito fundamental para entender ciertos enclaves históricos, y ciertos símbolos esotéricos que transcurre por ese camino, y donde también encontramos las famosas PATAS DE OCA, es decir esas marcas de dejaron los canteros, esos símbolos de reconocimientos que luego con el tiempo se va convirtiendo en un juego aparentemente infantil, pero que esconde en sus claves una serie de enseñanzas profundas, de transformación interior.
No hay nada al azar, es un principio básico, todos los símbolos están puestos para interpretarlos, es un lenguaje que siempre ha estado ahí, el símbolo es inmutable, tiene que estar ahí para comunicar el tipo de energía de ese lugar.
Hay una teoría que los Caballeros Templarios fueron los que idearon y crearon este Juego de la Oca, como símbolo iniciativo de conocimiento, ésta orden de monjes guerreros nacen con el propósito de custodiar y proteger a los peregrinos y es justamente lo que se hace en estas casillas. Las casillas oca que son las más importantes pues son las que conducen directamente a otras que protegen y te hacen avanzar, de alguna forma tienes esos castillos y esas encomiendas para proteger a los peregrinos.
Los Templarios pusieron en distintos enclaves del camino, símbolos de reconocimiento, Para ver un poco el simbolismo y la profundidad que tienen, colocaban monasterios, ermitas, vírgenes negras y otras cosas como la reiteración del número 9, que es el de la percepción, es el alfa y el omega, el de la resurrección, es una clave, o el número 63, las 63 casillas del juego que representa los 9 siclos en la vida de una persona de 7 años cada uno, las patas de oca, que aparecen como marcas de canteros en mucha de sus construcciones. Como dato, la Catedral de Santiago tiene 63 vidrieras y 63 columnas, 9 bóvedas, 9 coros y 9 torres, en el Pórtico de la Gloria, se representa a Jesucristo rodeado de cuatro evangelistas, San Juan aparece con una oca en la mano.
El gremio de los canteros, Hermanos Constructores, tenían como símbolo de reconocimiento el caracol, el espiral, y la pata de oca. La espiral está en la casilla 42 del tablero, formando el laberinto, es decir que éstos signos que formaban parte de los constructores, de los que conocían y tenían el arte sagrado de la arquitectura aparecen en lugares estratégicos en el camino, y en el juego, las espirales y las patas de oca, capiteles con el cuello de la oca entrelazado, se ven a lo largo del camino.
¿Porque una oca? Es que este animal tiene un profundo simbolismo, la oca es volador, es terrestre y es acuático, es decir que domina los tres elementos, le falta el fuego, el fuego purificador y este es el que se tiene que ir construyendo mientras el peregrino va avanzando por el camino hasta que llega a la meta final. Todo es símbolo nada es casual.
El juego de la Oca entonces es un mapa cifrado del Camino de Santiago, cada etapa del camino corresponde a una casilla del juego, que comienza en Roncesvalles y termina en Finisterre, y en el que los Templarios marcaron lugares que tenían una significación para ellos y que lamentablemente con el tiempo y los descuidos algunos se han ido borrando, pero sabemos que los monjes han dejado guías en piedras, puentes, cárceles, pozos, cementerios, lugares que están marcados en el juego y que las soluciones resultan diferentes según cada época en que se juegue.
Están todos invitados a recorrer el Camino Francés a Santiago, y junto a un tablero del Juego de la Oca ir descubriendo esos lugares de gran poder que nos dejaron los Caballeros Templarios hace siglos, para nuestra transformación interna.
En el Bierzo. Inmensa fortaleza (más de 10.000 m2) resulta desproporcionada para la misión que desempeñaban los templarios en esta región. Porta los signos de reconocimiento con que los templarios señalaban sus «grandes tesoros». Triple muralla (símbolo de los votos de pobreza, castidad y obediencia que hacían los templarios, de las tres etapas de la Alquimia, de los tres colores simbólicos, blanco de sus túnicas, rojo de sus cruces, negro del hábito de sus sargentos y de la cruz del estandarte de guerra). La cruz tau en la puerta y en sus habitaciones principales, en las torres y en la muralla.
El trazado de acuerdo a planos astronómicos. Con doce torres, todas diferentes, que tienen la forma de las constelaciones del Zodíaco, pero no en el orden natural, sino alterado, seguro para señalar un momento especial, o una canalización especial de energías, o la expresión de una Idea Celeste.
En la portada principal existió una piedra, clave de arco, donde la tau está inscrita en una gran estrella geométrica de ocho puntas y flanqueada por un sol helicoidal y por una estrella. Es la Rosa de la Regeneración espiritual, formada por dos cuadrados entrelazados. También nos encontramos con el Bafomet, figura en forma de cabeza que era obligatorio poner en la entrada de las casas mandadas por comendadores.
¿Qué protegía esta gigantesca construcción? ¿Acaso la riqueza de yacimientos de hierro y oro? ¿O, además de éstas, otras posesiones que serían confiadas a este castillo?. Recordemos a Fulcanelli en sus Moradas Filosofales: «El Santo Grial estaba custodiado por doce templarios (como las torres del castillo); estos doce custodios recuerdan los signos del zodiaco».
A pocos kilómetros, siguiendo el Camino de Santiago y ya pasada Villafranca del Bierzo, nos encontramos vigilante en imponente actitud de desafío: El castillo de Sarracín. Probablemente se trata del nunca encontrado Castillo de Antares. Si es así, recibe el nombre de la estrella de primera magnitud en la constelación de Escorpio, y la planta poligonal de este Castillo la reproduce en su forma.
Iglesia de Santa María del Templo. Mellid. Ya en las amables tierras de Galicia nos encontramos con esta Iglesia del siglo XII, en Mellid, la Coruña. De nuevo el lenguaje indescifrado de los templarios se manifiesta en las misteriosas inscripciones en las caras interior y exterior de la arquivolta más exterior de la portada Oeste. Son 48 signos repartidos en dos grupos de 24 equis, cruces invertidas, círculos, líneas curvas, rombos, enrejados, un misterioso lenguaje de figuras geométricas. Puede tratarse de símbolos, de muy profundos significados en su clave numérica. O quizá también de figuras, cristalizaciones gráficas de hondas meditaciones, y llaves a su vez de otros estados de conciencia (como lo fuera el lenguaje jeroglífico egipcio o el «lenguaje enochiano» o los símbolos de los tatvas).
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